Apocalipsis

  • Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas. El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
  • Apocalipsis 1:10-20
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Pensador;detrás de ti voy yo vive la realidad 

Siempre habla con tus hechos y cuando sea necesario abre tu boca. 

  • Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.
  • Juan 13:15-17

La confianza 

¿No es tu temor a Dios tu confianza? ¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?

Job 4:6

En el temor de Jehová está la fuerte confianza; Y esperanza tendrán sus hijos.

Proverbios 14:26

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¿Jesús es el Padre? 

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“Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado” (Apocalipsis 4:2)

IDENTIFICANDO LA NATURALEZA DIVINA

La Biblia toma nota de las manifestaciones misteriosas y milagrosas que emanaron de Jesús cuando Él comenzó su ministerio público. Él podía saber lo que estaba escondido en el corazón humano, podía conocer los pensamientos que estaban en la mente de otros, podía ver a las personas a distancias imposibles para la visión humana, y aún caminaba por el agua sin hundirse (Marcos 2:8; Juan 4:17-18; Juan 1:48; Juan 6:19). Dentro de Él había algo que le permitía hacer estas cosas. En cierta ocasión una mujer lo tocó y fue transferido poder de Él hacia ella (Lucas 8:46); en otra ocasión, ese mismo poder sobrenatural brillo desde adentro de Él e iluminó todo su cuerpo, “y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol” (Mateo 17: 2) ¿Qué era lo que estaba en Cristo que le permitía hacer obras poderosas y sobrenaturales? Cristo mismo dio la respuesta en términos claros e inconfundibles:

“…El Padre que mora en mí, Él hace las obras” (Juan 14: 10).

La única naturaleza divina que Cristo alguna vez identificó como morando dentro de Él, fue la del Padre. Esta es la explicación bíblica del por qué Cristo es llamado Dios, pues “Dios estaba en Cristo” (2. Corintios 5:19).

Trescientos años después de que Cristo identificara su naturaleza divina como el Padre, algunos hombres dejaron a un lado su declaración y buscaron otras explicaciones. Estas nuevas explicaciones fueron más compatibles con la filosofía griega y con la cultura pagana… Postularon que un “logos divino” (diferente al Padre) o “la segunda persona de la Trinidad” fue la que habitó en Cristo. Algunos dirían que un “Cristo celestial” fue quien habitó en el ser humano Jesús, etcétera. La doctrina de la Unicidad de Dios, es un regreso a la explicación original que nuestro mismo Señor Jesucristo dio al mundo:

“Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí” (Juan 14:11).

Las siguientes páginas están dedicadas a la ampliación de esta verdad.

REVELACIÓN DE LAS PARÁBOLAS

Jesús dijo a sus discípulos que había escondido la doctrina del Padre debajo de un velo de parábolas: “Estas cosas os he hablado en parábolas; la hora viene cuando ya no hablaré por parábolas, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre” (Juan 16:25).

Esto muestra que la doctrina del Padre requirió de una revelación especial para los creyentes: “…Nadie conoce quien es el Hijo sino el Padre, ni quien es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Lucas 10:22).

Sin esta revelación, el conocimiento acerca del Padre y del Hijo, está escondido de los sabios y entendidos de este mundo (Lucas 10:21). ¡Aquellos que dejan de ver que Dios el Padre habita en Cristo y tratan de encontrarlo en otra parte, están en la misma condición lastimosa de Felipe, quien dijo a Jesús “Muéstranos al Padre”, mientras que lo tenía al frente y lo estaba viendo! (Juan 14:8). Esta situación indica una falta de revelación y una dependencia en la especulación.

LA PIEDRA ANGULAR DE LA UNICIDAD

Los trinitarios dicen la verdad, cuándo afirman que la piedra angular de la teología de la Unicidad, es nuestra enseñanza de que Cristo es el Padre. Nadie está realmente en el mensaje del nombre de Jesús, hasta que reconoce a Cristo como el Padre. Una persona puede declarar a Jesús como Señor desde que sale el sol hasta que se pone, pero si no puede decir lo mismo que dijo Tomás, “Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28), solamente habrá hecho una confesión a medias. Llamarlo Dios, y no querer aceptar que Él es Dios el Padre, es una confesión distorsionada, pues “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre” (1. Corintios 8: 6). La cadena no puede estar rota ¡Si es el Señor, entonces es Dios, y si es Dios, entonces es el Padre, y lo es! Esta es la línea que nos ha sido trazada, y la prueba de fuego de la verdadera Cristología bíblica. Cualquier otra posición, contradice la propia declaración de Cristo.

Por Favor, Una Declaración Clara

Nuestros opositores nos han solicitado que reproduzcamos alguna declaración directa de que Cristo es en realidad Dios el Padre, y antes de que nos pronunciemos, ellos nos responden diciendo:

“…Por supuesto tal declaración está totalmente ausente del Nuevo Testamento” (Boyd, 69).

Y como consecuencia de esto declaran:

“los exégetas de la Iglesia Pentecostal Unida, tienen que esforzarse por hallar… rebuscadas y misteriosas referencias sobre su alegada identidad de Jesús…” (Boyd, 69)

Isaías 9:6

No hemos tenido que hacer un gran esfuerzo para encontrar declaraciones directas donde Cristo sea mostrado como el Padre. A decir verdad, una de estas ha sido archivada durante unos 2700 años. Me estoy remitiendo a Isaías 9:6, donde se anuncia proféticamente el nacimiento de Cristo:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Eso es tan claro y directo como el lenguaje puede hacerlo. “Un Hijo” quien es “el Padre Eterno” ¿Esto satisface a nuestros opositores? ¡No! Como niños malcriados nunca están satisfechos, no importa que tan claro sea lo que está Escrito, siempre hacen berrinche porque quieren más.

El propio Dr. Boyd va más lejos diciendo: “…Incluso si reconociéramos que tal interpretación esotérica fuera posible, aún hay algunas consideraciones básicas que inmediatamente la demuestran improbable” (Boyd, 72). Así, el Dr. Boyd empieza a enumerar por lo menos ocho alternativas de lo que él cree que dice el texto, pero cada una de estas es más “esotérica” que la anterior. Boyd nos dice que en Isaías 9:6, Padre podría significar: “Padre para siempre”, “Padre de todos los tiempos”, “No será un déspota”, “El rol paternal del Mesías”, “Padre sobre sus hijos”, “Buen pastor”, “Padre de todas las edades”, o “Señor del tiempo y de la historia” (Boyd, 71-73).

Los teólogos de todo el mundo son reclutados en este esfuerzo: Leupold, Herbert, Alexander, Mauchline, Young, Wainright, Barnes y Bowman (Boyd, 71-73). ¡Piense en esto! ¡Ocho interpretaciones diferentes, ocho teólogos diferentes, casi setecientas palabras obtenidas de todos ellos en su lucha por explicar sólo una palabra – “Padre”! ¡Parecen muchos bomberos para un fuego tan pequeño! ¡Y aún no se extinguirá! No hay nada que pueden hacer con él, sin importar cuan duro lo traten. Cuanto más lo atacan, más grande se vuelve, al punto que ni siquiera ellos mismos pueden tragarse alguna de sus propias interpretaciones, y quieren que nosotros lo hagamos. Ninguna de estas supuestas explicaciones los satisfacen. Leí éstas y otras más cuando yo era trinitario, así que sé por qué lo digo! Citarán y citarán a alguien, no importa cuan lejos se desvíen, para tratar de frustrar el impacto de este versículo. No les importará que aquel a quien citan sea católico, protestante o judío; esquimal, hotentote o siux. Mientras aquellos tengan cualquier cosa para decir, ellos tomarán como mejor a cualquier alternativa para negarse a creer lo que el texto dice – que Jesús es el Padre. No tienen ningún reparo en transformar a “Padre” en “Pastor”, “Señor del tiempo”, o “El papel paternal de Mesías”, y aún así nos acusan de “hacer un gran esfuerzo” y de “rebuscar” ¿Qué más podría ser catalogado de rebuscado o reforzado, que lo ellos han hecho?

Los teólogos trinitarios no son ni siquiera consecuentes en este esfuerzo, porque admiten libremente que la referencia al Hijo en Isaías 9:6, está hablando de su posición de Deidad, pero nos negarán el mismo privilegio con respecto a la referencia a Él como Padre. ¿Por qué aceptan una parte del texto, pero se niegan a aceptar la otra parte?

Padre Como un Título Usual

En un intento desesperado por intentar atenuar la fuerza de este versículo, Gregory Boyd nos dice que la palabra “Padre” no fue un título usual para referirse a Dios en el Antiguo Testamento; por lo tanto la referencia para Cristo como Padre en Isaías 9:6, no puede significar “Dios el Padre” (Boyd, 72).

Pero dejemos a un lado al Dr. Boyd y consultemos con el propio profeta Isaías. En Isaías 63:16, leemos: “Pero tú eres nuestro Padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú oh Jehová, eres nuestro Padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre”. Y además en Isaías 64:8, “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros”. Hemos leído dos veces: “nuestro padre”, y ambos ejemplos son referencias a Dios como Padre.

Malaquías también da fe de lo mismo: “¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué pues nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?” (Malaquías 2:10).

Así también lo hizo David. “…bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel, nuestro Padre desde el siglo y hasta el siglo” (1. Crónicas 29:10). El mismo Dios que en Jeremías 3:19, ordenó que los hijos de Israel lo llamaran Padre: “Yo preguntaba: ¿Cómo os pondré por hijos, y os daré la tierra deseable, la rica heredad de las naciones? Y dije: Me llamaréis: Padre mío, y no os apartaréis de en pos de mí”. El rey David en un clamor a Dios, dice: “Él me clamará, Mi Padre eres tú, mi Dios y la Roca de mi salvación” (Salmo 89:26).

Y con todo, muchos trinitarios son capaces de decirnos que “Padre” no era un título usual para Dios en el Antiguo Testamento. Antes de la época de Cristo, los judíos ya reconocían a “Padre” como un título usual para Dios. Basados en este precedente del Antiguo Testamento, dijeron: “…un Padre tenemos, que es Dios” (Juan 8:41).

Por lo tanto, Malaquías, Jeremías, David e Isaías mismo, obran como testigos de que la referencia a Cristo en Isaías 9:6 como Padre, es una referencia a Él como Dios el Padre. ¡Esto es algo que Leupold, Mauchline, Wainright, etc. no pueden soportar!

Volteando la Pregunta

Ya que hemos reproducido una declaración directa en la que Cristo es llamado Padre, ¡pediremos a nuestros opositores que hagan justicia con su doctrina al igual como nos lo han pedido a nosotros! ¿Podrían reproducir una declaración bíblica directa que llame a Cristo “la segunda persona de la Trinidad” o incluso “Dios el Hijo”? ¿Podrían demostrarnos que este no es un concepto con el cual ellos abusan de la Escritura? ¿Acaso es irrazonable preguntar por al menos una referencia que sustente esto? Ya que al Dr. Boyd le gusta definir a Cristo como una “manera personalmente distinta” o un “modo personalmente distinto” en que Dios existe, ¿le importaría mostrarnos la evidencia bíblica (capítulo y versículos) de donde toma esas designaciones? ¡Ciertamente no exigirían de nosotros, lo que ellos mismos no están dispuestos a hacer!

¿Qué tal que si en lugar de llamar a Cristo el Padre Eterno, Isaías hubiera dicho: “su nombre será llamado Dios el Hijo”, o “su nombre será llamado el modo personalmente distinto”? De haber sido así, nuestros opositores hubieran sacado a relucir una y otra vez aquel texto. Lo curioso es que exigen que nosotros no lo aceptemos tal y como está Escrito, y que no hagamos objeciones contra sus equivocadas reinterpretaciones. Pero Cristo es el Padre, y Padre Eterno significa justamente eso.

CRISTO COMO EL PADRE, EN EL EVANGELIO DE JUAN

El evangelio de Juan, suministra abundantes pruebas de que la naturaleza divina residente en nuestro Señor, es Dios el Padre y nadie más. Al leer el evangelio de Juan, uno siempre debe tener en cuenta la definición que Cristo dio sobre Dios en Juan 4:24, cuando dijo: “Dios es Espíritu”.

No dijo que Dios sea “tres personas” o incluso “una persona”. Dios es Espíritu, y por lo tanto no tiene un cuerpo de materia (Lucas 24:39). Por lo tanto, es capaz de habitar en el cuerpo de su Hijo Jesucristo, y usar ese cuerpo como posesión suya manifestándose dentro del cuerpo de Cristo; haciendo a Cristo por lo tanto, Dios manifestado en carne. Revisaremos los textos de Juan, que identifican a Cristo como el Padre encarnado.

Juan 10:30

Los judíos exigieron a Cristo, que les dijera claramente quién era Él, y Él lo hizo, respondiéndoles: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Noten que Él nunca declaró lo que los trinitarios enseñan, cuando dicen que Él y el Padre son dos personas distintas y coiguales en una sustancia. Antes bien, en este texto, Él declaró fuertemente su identidad como el Padre.

Los trinitarios siempre han usado dicha declaración de un modo contradictorio. Cuando discuten con los arrianos (como los Testigos de Jehová), lo alardean gustosamente y les dicen: “Jesús es Dios – yo y mi Padre uno somos”. Pero cuando discuten con los creyentes de la Unicidad, dan marcha atrás al decir que la palabra “uno” no es absoluta, sino que representa algo así como un marido y su esposa que son uno. Por lo tanto, nunca son capaces de ponerse de acuerdo. Dicho sea de paso, que aunque un marido y su esposa son uno en cierto sentido, no lo son en el mismo sentido que Jesús y el Padre, pues ningún marido podría decir: “Él que me ha visto a mí, ha visto a mi esposa”.

El Dr. Boyd, presenta algunos argumentos tradicionales en contra de esta declaración, cuando dice: “…Ser uno con alguien, no es lo mismo que ser idéntico a esa persona…” Entonces utiliza el ejemplo de la iglesia que es una, aunque está compuesta de muchos miembros. También hace la asombrosa aseveración de que Jesús se distinguió del Padre en los versículos inmediatamente anteriores y posteriores a Juan 10:30 (Boyd, 76). Esto nos invita a un examen que demostrará exactamente lo contrario a lo que sostiene el Dr. Boyd.

En los versículos inmediatamente anteriores a Juan 10:30, Jesús se refiere a sus ovejas, los fieles creyentes, y dice que están en su mano (v. 28). Luego dice que todas estas ovejas realmente están en la mano de su Padre (v. 29). Los judíos se preguntaron dentro de sí, cómo era que las ovejas podían estar simultáneamente en la mano de Cristo y también en la mano del Padre. ¿Qué era lo que Cristo estaba aseverando? ¿Qué su mano era la del Padre? Cristo, conociendo sus pensamientos, “Porque Él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:25), respondió “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). En lugar de negar la conclusión que se había formando en sus mentes, la confirmó. Los judíos comprendieron la trascendencia de esto y tomaron piedras para apedrearlo, diciendo, “tú siendo hombre, te haces Dios” (Juan 10:31-33). El día que los trinitarios puedan establecer una diferencia personal entre un hombre y su propia mano, también habrán demostrado su teoría de identidad distinta entre Jesús y el Padre. Y esto es tan imposible, como establecer una diferencia personal entre un hombre y su propio aliento, algo que también deberían hacer para poder demostrar su teoría de que Cristo no es el Espíritu Santo, pues Cristo “sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22). Estas son tareas que tienen pendientes, pero ellos no podrán llevarlas a cabo. Tendrían que cortar de Cristo su propia mano, y detener su propio aliento, pero ellos no pueden hacerlo ¡Gracias Dios!

¡Ah! Pero aún han dicho que en esta porción bíblica, la mano es usada en un sentido figurado, no literal ¡Estupendo! ¡Esperábamos que dijeran eso! El lenguaje figurado siempre tiene como objetivo enseñar una verdad literal. ¿Así que si Jesús está usando “mano” en un sentido figurado, cuál es la verdad que está tratando de ilustrar? Partiendo de la base de que un hombre y su mano son idénticos respecto a la persona, si la mano de Cristo es la mano del Padre, entonces Cristo y el Padre son idénticos respecto a la persona. Cuando un hombre pide figuradamente la mano de una mujer en matrimonio, está esperando que una persona completa se case con él, y no cinco dedos. La realidad siempre es más grande que las palabras usadas para representarla.

Lejos de hacer una distinción entre Cristo y el Padre, los versículos que suceden a Juan 10:30, lo que hacen es proveer pruebas devastadoras contra la teoría de identidad distinta. La declaración final de Cristo es: “…Para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en Él” (Juan 10:38).

En un último esfuerzo por intentar frustrar el impacto de este versículo, el Dr. Boyd ha encontrado algo verdaderamente único mientras que rebuscó en el sótano de la historia de la iglesia – algo utilizado por los “antiguos exponentes de la trinidad” (Boyd, 75). Sostiene que Cristo no puede estar alegando que sea el Padre, porque si eso fuera lo que Él hubiera querido decir, habría dicho: “Yo y mi Padre soy uno”. Boyd dice que el uso del verbo en plural (somos), demuestra que hay pluralidad de personas ¿Pero qué pasa con Juan 3:11, donde Cristo usa pronombres plurales y verbos plurales para hacer referencia a sí mismo? ¿También habría allí una pluralidad de personas en el Hijo, sólo porque Cristo dijo: “…lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio”? ¿O será que el Dr. Boyd prefiere que lo retraduzcamos así: “…lo que sé hablamos, y lo que he visto testificamos”?

“Ciertamente vosotros sois pueblo, y con vosotros morirá la sabiduría” (Job 12:2).

Juan 14:7-10

“¿Quién dices que soy?
¿Sabes de dónde vengo?
¿Conoces al Padre?
¿Puedes mencionar su nombre?”

Hemos hecho referencia a una antigua canción de la Unicidad, que trata de una cuestión muy profunda: ¿Conoces al Padre?

Felipe quería conocer al Padre, y dijo a Jesús: “Muéstranos al Padre y nos basta”. Inmediatamente, Jesús se identificó como el Padre encarnado cuando respondió: “…no me has conocido, Felipe?”. Y añadió: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre?” (Juan 14:8-9). ¿Qué podría ser más directo que esto? Felipe pidió ver al Padre y Jesús lo reprendió diciéndole: “¿no me has conocido?”.

Haciendo uso de la revelación progresiva, Jesús reveló la doctrina de que el Padre moraba en su cuerpo de carne, cuando dijo: “¿No creéis que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, Él hace las obras” (Juan 14:10). Esta es la encarnación del Padre en el Hijo. El Padre, que es Espíritu respecto a su esencia, ha establecido su residencia en un hombre, su Hijo, por medio de un engendramiento sobrenatural, y está operando a través de Él. Dios habita en Cristo, al punto que Cristo posee todos los atributos y el poder de Dios, y puede ostentar todos los derechos y los títulos de la Deidad. Jesús es el templo humano del Padre invisible (Juan 2:19). El Padre es por lo tanto la naturaleza divina de Cristo.

La potencia de estos versículos es tan inmensa, al punto que el Dr. Boyd solo puede comentar lo siguiente: “En cierto sentido, por supuesto, estos versículos insinúan que Jesús es la manifestación o la encarnación del Padre. El propósito principal de Juan 14:7-10, es garantizarnos que el Padre no es un “Dios diferente” que el Dios manifestado en Cristo. Uno no puede mirar hacia otra dirección para ver y conocer a Dios el Padre” (Boyd, 73).

¡Que admisión! ¡Jesús es la encarnación del Padre! El diccionario Webster, o cualquier otro diccionario, definen la palabra “encarnación” como: “Ser revestido con carne humana, una manifestación en forma humana”. Por lo tanto, el Dr. Boyd ha admitido, a sabiendas o inconscientemente, que Jesucristo es la encarnación del Padre. Por ende, somos advertidos a no caer en la trampa de representar al Padre (o al Espíritu) al lado de Jesús, o de un “tipo de trinidad horizontal con tres cuerpos cada uno al lado de los otros” (Boyd, 74).

Por desgracia, Boyd hace caso omiso de su propia advertencia, porque solo una página más adelante dice: “…Cristo es el único que está al lado del Padre y el único a través del cual debemos ir al Padre” (Boyd, 75). Esto suena muy “horizontal”, o la doctrina de un divino al lado de otro divino. Un poco después, empieza a bajar el tono de su declaración anterior, cuando dijo que Jesús es la encarnación del Padre, y dice que Jesús “hace visible (“encarna” Juan 1:14) el amor del Padre invisible, que de otra forma no sería visible. Pero Él no es el mismo Padre invisible” (Boyd, p. 75).

Esto es ya un gran cambio. Ahora dice que Jesús solamente “encarna el amor del Padre invisible”. ¡Eso también podría decirlo cualquiera acerca de la madre Teresa! El Dr. Boyd acostumbra a hacer resonantes declaraciones de la Unicidad, pero luego comete el error de echarse para atrás.

Juan 8:19-30

“Ellos le dijeron, ¿dónde está tu Padre?” (Juan 8:19).

Los fariseos exigieron conocer la ubicación del Padre, al que Jesús repetidamente hacía referencia. Esta pregunta, que parece ser una calumnia sobre su nacimiento, incitó a un debate muy esclarecedor ¿Dónde estuvo el Padre mientras que Cristo recorrió la tierra? La mayoría de los trinitarios contestarían que el Padre estaba mirando y esperando en el cielo. Vean como una escritora trinitaria, describe la llegada de Cristo al cielo, luego de su resurrección:

“Entra en la presencia de su Padre. Exhibe su cabeza herida, su costado traspasado, sus pies perforados… los brazos del Padre rodean al Hijo, y declara estas palabras: “Adórenle todos los ángeles de Dios” (Elena G. de White, Deseo de las edades, p. 834).

Este tipo de escenas, es exactamente el resultado de predicar por más de 1600 años la teoría de las “Personas distintas”.

Ante la pregunta “¿ Dónde está tú Padre?”, Cristo respondió: “Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais” (Juan 8:19). Y les dijo: “Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba” (Juan 8:23). Y hemos aprendido esto: “Él que de arriba viene, es sobre todos” (Juan 3:31). Aquel que es sobre todo, no es otro que Dios el Padre (Efesios 4:6). En el próximo versículo Cristo dice: “…Si no creéis que Yo Soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24). En ese momento, cuando su identidad era un tema de vida o muerte, los fariseos exigieron saber quién era Él: “¿Tú quién eres?” (v. 25). Jesús les respondió: “Lo que desde el principio os he dicho” (Juan 8:25) ¿Y de quién estaba hablando al principio, cuando inicialmente le plantearon la pregunta? ¡Del Padre, por supuesto! (v. 19) ¿Será que lo comprendieron? No, porque leemos: “Pero no entendieron que les hablaba del Padre” (Juan 8:27).

Aunque por la divina inspiración les había proporcionado la respuesta para su pregunta (v. 26), todavía no pudieron ver más allá del velo de carne. Por eso definitivamente les dice: “Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que Yo Soy, y que nada hago por mí mismo…” (v. 28). “Conoceréis que Yo Soy”, o sea, que Él es el mismo Padre del que han estado hablando.

“No hago nada por mí mismo” – Como un Hijo, o ser humano, Él no podía hacer las señales y milagros. Es solamente a través del Padre que habita en Él, que estas obras fueron hechas. “El padre que mora en mí, Él hace las obras” (Juan 14:10).

El próximo versículo, es una de las declaraciones más asombrosas con las que nos encontramos de los propios labios de Cristo, porque en una frase anula por completo el dogma de la Trinidad: “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre…” (Juan 8:29). Esto es contrario a las centenarias tradiciones, que describen al Padre en el cielo, enviando a un Hijo a la tierra. No fue enviado a solas para hacer este gran trabajo. ¿Si el Padre vino con Él, entonces donde estuvo el Padre? Esto lo responde luego, cuándo dice: “El Padre está en mí” (Juan 10:38). Ahora todo encaja en su lugar. El Padre está con Él y dentro de Él como su naturaleza divina; y este es el “Yo Soy” al cual los fariseos no entendieron que se refería, “el que de arriba viene” que “es sobre todos”.

Pero sin estar dispuestos a reconocer que el poder que operaba en Cristo era el del Padre que habitaba en Él, los fariseos lo acusaron de tener un demonio blasfemamente. Jesús refutó la acusación diciendo: “Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis” (Juan 8:49). No estaba poseído por el demonio ¡Estaba poseído por el Padre, pero ellos lo deshonraban! Y “El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5:23). El Padre no solo lo envió a los hombres, sino que también estaba con Él y en Él.

Jesús culminó su discusión con ellos diciendo: “Antes que Abraham fuese, Yo Soy” (Juan 8:58). Aquí aplicó para sí mismo, el “Yo Soy” del Antiguo Testamento. Jehová se identificó como el Gran Yo Soy (Éxodo 3:14) y más tarde se reveló como el Padre (Isaías 63:16). Esta aseveración de Deidad Suprema, no pasó desapercibida por sus oyentes judíos, porque “tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo…” (v. 59).

“Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15).

Juan 12:44

“El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió”

Cuando usted cree en Cristo, en realidad está depositando toda su fe y su confianza en el Padre que lo envió y que mora en Él. Aquellos que creen en Cristo, creen simultáneamente en el Padre, porque el Padre y el Hijo son uno.

Juan 12:45

“Y él que me ve, ve al que me envió”

El Padre invisible fue mostrado y hecho visible en la carne de su Hijo en la cual se encarnó, pues Dios fue manifestado en carne” (1. Timoteo 3:16).

Juan 13:20

“El que me recibe a mí, recibe al que me envió”.

¿Usted recibió a Cristo como su salvador personal? ¡Bien! ¡Usted recibió al Padre!

Juan 15:23

“El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece”.

Cuando una persona odia a Jesús, en realidad está odiando al Padre que vive en Él y habla a través de Él.

“Tú, oh Padre, en mí, y yo en ti” (Juan 17:21).

Incluso en su vida de oración, Cristo siempre estuvo consciente de que el Padre moraba en Él, y de la interpenetración mutua entre sus naturalezas humana y divina.

Juan 17:5

“Ahora pues Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”.

En su resurrección, Cristo fue glorificado por la propia naturaleza divina del Padre que mora ahora mismo en su cuerpo humano resucitado. Si la identidad completa del Padre está en Él, Entonces Él es el mismo Padre.

Juan 14:11

“Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras”.

Si Cristo hizo las obras que solamente el Padre puede hacer, entonces el Padre debe estar en Él, porque el Hijo no puede hacer nada por sí mismo (Juan 8:28).

Juan 14:24

“La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”.

Todas estas palabras que tratan de cosas que están más allá del alcance humano normal, provinieron del Padre que lo envió y vivió en Él. Por eso no es asombroso que Él dijera: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Estas vinieron del Gran Espíritu Eterno (Juan 4:24) y dador de vida (1. Juan 1:2), que habita en el templo del Hijo (Juan 2:19, Apocalipsis 21:22).

Juan 15:24

“¿Pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre”.

¿Cuándo fue que los fariseos odiaron al Padre? ¡Cuando vieron a Cristo!

Juan 14:20

“En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”.
Aquí un credo para repetir si usted no tiene alguno.

“Estoy en mi Padre” – Ésta es la doctrina del Padre, pues Jesús dijo “el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10:38).

“Y vosotros en mí” – Ésta es la doctrina del Hijo. “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27).

“Y yo en vosotros” – Ésta es la doctrina del Espíritu Santo, que es “Cristo en vosotros la esperanza de gloria” (Colosenses 1: 27).

Ésta es la confesión verdadera del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y es todo Cristo como nuestro todo – Todo está centrado en Jesús.

Juan 8: 16

“porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre”.

Cristo no se puede tomar aislado como Hijo, porque también incorpora al Padre que lo envió. Esta enseñanza es concluida dos capítulos más adelante, cuando el Hijo dice: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10: 30).

Juan 5:43

“Yo he venido en nombre de mi Padre”

El nombre de Jesús (en hebreo Jehová – salvador) es el nombre del Padre. Esto es demostrado por el bautismo en agua, cuya ordenanza fue dada a los apóstoles para llevarlo a cabo en el nombre del Padre (Mateo 28:19). Ellos entendieron consistentemente que el bautismo es en el nombre de Jesús y así lo administraron (Hechos 2:38; 8: 16; 19: 5; 10: 48). Si solo hay un nombre, entonces éste se refiere a un solo Ser, porque hay un Señor y uno es su nombre (Zacarías 14: 9).

Juan 3:35

“El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano”.

A través de la manifestación del Padre en el Hijo, Cristo posee todos los atributos del Padre. Cristo posee todos los atributos y prerrogativas de Dios, ya que al poner su morada en el Hijo, el Padre le ha transferido todos sus poderes, y ahora son de Cristo. Eso fue lo que Él declaró cuando dijo: “Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:15). Y también cuando dijo: “todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos” (Juan 17: 10). Colosenses 2:3 llama tesoros, a todos esos atributos suyos. Esto solo fue posible porque Dios está en Cristo, pues el Hijo dijo: “nada hago por mí mismo” (Juan 8:28), y “no puede el Hijo hacer nada por sí mismo” (Juan 5:19).

Por lo tanto:

  • Como el Padre es Omnipresente, el Hijo también lo es (Juan 3:13), ya que su Omnipresencia, es la Omnipresencia del Padre.

  • Como el Padre tiene vida en sí mismo, el Hijo también la tiene (Juan 5:26), ya que su Autoexistencia, es la Autoexistencia del Padre.

  • Como el Padre sabe todas las cosas, el Hijo también las sabe (Juan 21:17), ya que su Omnisapiencia, es la Omnisapiencia del Padre.

  • Como el Padre es Todopoderoso, el Hijo también es Todopoderoso (Mateo 28:18), ya que todo su poder, es todo el poder del Padre.

  • Como el Padre tiene naturaleza divina, el Hijo también la tiene (Tito 2:13), porque Dios fue manifestado en carne, y Jesús es Dios con nosotros.

Cada aspecto de su Deidad, es el resultado de la encarnación del Padre al manifestarse en carne.

Juan 2:19

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”

¿Cómo podría Jesús, levantar su propio cuerpo (o templo) muerto? El Hijo de Dios, el Mesías, es el templo. Jehová, el Padre, es la naturaleza divina que habita en Él. “…Y vendrá súbitamente a su templo el Señor, a quien vosotros buscáis…” (Malaquías 3:1).

Cuando Cristo el Hijo estaba agonizando, el Padre se retiró del templo de carne de su Hijo, justo antes de su muerte (Marcos 15:34). Tres días después, el Padre volvió a entrar en ese templo, y lo levantó de entre los muertos (Romanos 6:4). Por lo tanto, el Padre levantó su propio templo, o el cuerpo de Cristo de entre los muertos, y lo glorificó. Nada más que la doctrina de Cristo siendo el Padre, puede explicar este verso.

Juan se Refiere a la Unicidad Desde el Principio Hasta el Fin

Cuando el apóstol Juan se acercó a su muerte, su visión de Cristo siendo el Padre y el Hijo, no cambió de lo que él había escrito en su evangelio. En Apocalipsis 22:3-4, escribió: “…y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”.

Dios y el Cordero son descritos como un solo Ser, con un solo rostro y un solo nombre, pues justamente Dios y el Cordero constituyen el templo. “Y no vi en ella templo; Porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero” (Apocalipsis 21:22).

En sus epístolas, el apóstol Juan enseñó el mismo mensaje:

“Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1. Juan 2:23). “El que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo” (2. Juan 1:9).

¿SOBRE QUÉ NOS PARAMOS?

El Dr. Boyd, ha dicho que los versículos de Isaías 9:6 y de Juan 14:10 sobre los cuales se apoya la doctrina de la Unicidad, son “misteriosos” y “rebuscados”, y “simplemente no nos permiten estar de pie” (Boyd, p. 69).

¿Dos versículos nada más? Para utilizar una de las propias expresiones del Dr. Boyd, “algo suena aquí un poco frío”. ¿Si sólo tenemos dos versículos y nada más, por qué tuvo que escribir un libro de 234 páginas para refutarlos? Esa es mucha tinta impresa para refutar a “una religión de dos versículos”. “¿Acaso rebuzna el asno si tiene pasto?” (Job 6:5). ¿O más bien son solo “los discursos de un desesperado, que son como el viento”? (Job 6:26). Como hemos visto, lejos de apoyarse sólo sobre dos “piernas”, la doctrina de la Unicidad tiene tantas “piernas” que un ciempiés estaría celoso.

Las porciones de la Escritura que hemos considerado, son abundantes en su testimonio que declara que Cristo es el Padre. Él es declarado siendo el Padre Eterno, cuando dice que es uno con el Padre (Juan 10:30), que el Padre habita en Él (Juan 14:9), que quien lo ve a Él en realidad ve al Padre (Juan 12:45, Juan 14:9), que quien lo oye a Él oye al Padre (Juan 14:24), que el que lo recibe a Él recibe al Padre (Juan 13:20), y que el que lo aborrece a Él aborrece al Padre (Juan 15:23). Sobre todo cuando dice que todo aquel que cree en Él, en realidad cree en el Padre (Juan 12:44). Jesús anunció que tenía la morada de la propia identidad del Padre en Él (Juan 14:10). Las palabras que salían de su boca eran las palabras del Padre (Juan 14:24). También dijo que su nombre era el nombre del Padre (Juan 5:43, Juan 17:6, 17:26). Todos los atributos divinos del Padre son suyos (Juan 3:35, 16:15, 17:10). Se nos dice que si estamos o permanecemos en el Hijo, por ende estamos o permanecemos en el Padre (2 Juan 1:9). El Padre y el Hijo constituyen un templo, que tiene un rostro y un nombre (Apocalipsis 21:22). Jesús dijo que el Padre está en Él y Él en el Padre (Juan 10:38, 14:10). La única naturaleza divina que Jesucristo mencionó habitando en Él, fue la del Padre (Juan 14:10-11, 2. Corintios 5:19). Ningún milagro fue realizado por alguien distinto al Padre que mora en Él (Juan 14:10). El Hijo no puede hacer nada por sí mismo (Juan 5:19, 8:28). El Padre en Él, es el que obra y habla (Juan 14:10, 14:24). Su gloria es la gloria del Padre (Juan 13:31-32, 14:19, 17:1); su honra es la honra del Padre (Juan 5:23); su nombre es el nombre del Padre (Juan 5:43, Juan 17:6, 17:26); su identidad es la identidad del Padre (Isaías 9:6, Juan 8:24).

¿En dónde está la supuesta identidad distinta del Padre y del Hijo? No son distintos respecto a la visión, porque “el que me ve, ve al que me envió” (Juan 12:45). No son distintos respecto a la voz, porque “la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:24). No son distintos respecto a la doctrina, porque “el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo” (2 Juan 1:9). No son distintos respecto a la cantidad, porque “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). No son distintos respecto a la ubicación, porque “yo soy en el Padre, y el Padre en mí” (Juan 14: 11). ¿Entonces en qué manera son distintos?

¿Tuvimos que “hacer un gran esfuerzo” o tuvimos que “rebuscar” nuestras referencias? ¿Nuestras referencias son muy “misteriosas”? ¿Durante nuestra investigación descubrimos a Cristo diciendo alguna vez “Yo y el Padre somos dos distintos”? ¿Será que podríamos encontrar algún texto bíblico en el que Jesús diga: “el que me ha visto a mí, ha visto a una de las maneras personalmente distintas en las que Dios existe”? ¿Podríamos encontrar alguna declaración bíblica de Cristo en la que Él diga: “Si no creéis que yo soy el segundo, en vuestros pecados moriréis”?

Aún a pesar de todo este testimonio del Padre en la persona del Hijo, Gregory A. Boyd dice de la Unicidad que, “esta enseñanza no sólo es oscura en la Biblia, sino que es completamente inexistente”. Cuando Boyd reduce todo a dos versículos bíblicos, y dice que la Unicidad es “completamente inexistente”, entonces nos preguntamos: ¿De qué Biblia estará hablando?

JESÚS ES EL PADRE, COMPARANDO LA ESCRITURA CON LA ESCRITURA

En un intento de censurar el estudio franco sobre la doctrina de la Divinidad, el Dr. Boyd hace una advertencia larga y fuerte contra lo que él llama “referencias cruzadas”. Algunas letras en negrita de la página 85 de su libro, advierten: “Tenga cuidado de los argumentos de referencias cruzadas”. Lo que por supuesto él realmente quiere decir, es que se cuiden de las referencias cruzadas que demuestran los errores de la doctrina de la Trinidad.

Curiosamente el propio Dr. Boyd, usa referencias cruzadas de manera bastante incorrecta. ¡Él toma referencias que muestran a Jesucristo como Dios, y las cruza con otras referencias que dicen que Cristo ha muerto, para producir la horrorosa doctrina de que Dios murió! Esta rara conclusión monofisista, no sería posible sin un cruce inapropiado, basado en una idea extrabíblica de que todo lo que le pase a la naturaleza humana de Cristo, también debe pasarle a su naturaleza divina. El hecho de que Dios es Inmortal y por lo tanto nunca puede morir, es ignorado por completo de este análisis. Este tipo de “exégesis”, favorece en realidad la doctrina de un “Jesús diferente” al de la Escritura.

Este cruce defectuoso de referencias del Dr. Boyd (que él no permitirá que hagan otros), también es ilustrado en su discusión sobre ser llenos del Espíritu Santo. Él usa el Antiguo Testamento y ejemplos anteriores a la ascensión de Cristo, para hablar de personas llenas del Espíritu Santo, y los cruza con referencias del libro de los Hechos de los Apóstoles (después de la resurrección y ascensión de Cristo), para negar que en el tiempo de la Iglesia, las lenguas son prueba necesaria de ser llenos del Espíritu. Esto ignora por completo, que en los Hechos de los Apóstoles la llenura del Espíritu viene como un regalo permanente del Cristo resucitado y son tan diferentes a los ejemplos del Antiguo Testamento y al tiempo anterior a la ascensión de Cristo, al punto que la Biblia dice: “…aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Juan 7:39). Así que sería muy difícil encontrar otro peor ejemplo de referencia cruzada que este.

La referencia cruzada, correctamente utilizada, es muy provechosa para el estudio bíblico. A decir verdad, ¿cómo se estudiaría cualquier tema bíblico sin referencias cruzadas? ¡Es por eso que las referencias cruzadas se ponen al margen de ciertas ediciones, y es por eso que la Biblia de Referencia Thompson, continúa siendo un éxito de ventas! Jesús mismo utilizó referencias cruzadas en Lucas 20:37-38, cuando cruzó la referencia sobre la zarza ardiente (Exodo 3:6) con una declaración de Isaías (Isaías 38:18-19), a fin de demostrar la inmortalidad del alma y la resurrección de los muertos. ¡Este es un ejemplo muy claro del buen uso de referencias cruzadas para sustentar una doctrina!

La Biblia misma recomienda el método de referencia cruzada para obtener la verdad doctrinal. Isaías escribió: “Porque mandamiento sobre mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá” (Isaías 28:10). Y esto debe ser hecho para comprender la doctrina.

Para una adecuada comprensión de cualquier doctrina bíblica, usted debe adherirse a todas las declaraciones relacionadas con ella. Todas las partes son necesarias para completar el “rompecabezas”, a fin de poder ver el cuadro completo. ¡Pero así como los trinitarios hacen una doctrina errada al tomar aisladamente el texto de Mateo 28:19, excluyendo los versículos que demuestran que el bautismo es en el nombre de Jesús (especialmente los del libro de los Hechos); del mismo modo quieren que nosotros excluyamos los textos que demuestran que Jesús es el Padre! En realidad, cualquier estudiante de la Biblia (crea o no en la Unicidad), debe disgustarse por ese intento arrogante que pretende eliminar la referencia cruzada, como un método legítimo para el estudio de la Palabra de Dios. En términos sencillos, eso es preocupante, especialmente cuando el propio crítico de este método, se reserva el privilegio de usarlo subjetivamente. Es totalmente incoherente, que una persona objete el uso de referencias cruzadas, mientras que por otra parte no tiene ninguna objeción de tomar sólo media idea de los textos bíblicos, como lo hizo con Romanos 8:1, para obtener su “revelación” en el parqueadero (donde escuchó miles de campanas tocando en la Iglesia), cuando decidió apartarse de la Iglesia del Nombre de Jesús para adherirse a la forma de vida del trinitarismo, al sostener que “no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús” pero ignorando la otra parte del texto que dice que esto sólo aplica a “los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”.

La verdadera razón por la que el Dr. Boyd (y otros) objeta(n) nuestras referencias, es porque éstas transmiten con mucha eficacia nuestro mensaje. La conclusión a la que se llega por comparar estos textos (“empalmándolos juntos” como lo expresa Boyd) es que no sólo sería innecesario que dos Personas divinas llevaran a cabo una misma acción, sino que estas acciones son mutuamente excluyentes y contradictorias. Veamos algunos ejemplos:

¿Quién resucitó a Cristo?

La Biblia dice que Dios el Padre resucitó a Cristo de entre los muertos (Gálatas1:1), y Juan 2:19 dice que Jesús mismo se levantó de entre los muertos. Por lo tanto, Cristo es el Padre que levantó ese cuerpo de la tumba. ¿Pero cómo pudo hacer esto? La naturaleza del Espíritu Divino que era propia de Cristo, es decir la naturaleza del Padre, se retiró de su cuerpo humano cuando estaba sobre la cruz, lo cual queda demostrado cuando Cristo dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Marcos 15:34). Tres días después, el mismo Espíritu (el Padre) volvió a entrar a ese cuerpo, lo levantó, lo glorificó y lo llenó como su templo permanente. Por lo tanto, Cristo en su naturaleza divina como Padre, levantó su propio cuerpo de entre los muertos.

Pero el Dr. Boyd dice que eso no es cierto, pues a su modo de ver, todas las tres personas de la Trinidad participaron en este trabajo, pues “finalmente obraron a través del Hijo encarnado como un hombre” (Boyd, p. 89). Pero con esto, el Dr. Boyd olvidó su enseñanza más temprana, que había expuesto en la página 58, a saber ¡que el “Hijo encarnado como un hombre” estaba muerto! Para “cuando Cristo sufría una muerte desamparada”, Boyd escribe que “Dios sufría una muerte desamparada”. Según Boyd, ¡Dios estuvo muerto en ese momento! ¿Así que cómo podría un Dios muerto, resucitar a una persona muerta? ¡Qué contradicción! Primero tiene a un Dios moribundo (p. 58), luego tiene a un hombre muerto resucitado (p. 89) ¿Desde cuando los muertos pueden levantar muertos? Es asombroso que el propio Dr. Boyd declare que cualquier especulación adicional sobre este punto sería una “pregunta infructuosa” (Boyd, p.88). ¡Es provechoso que él mismo reconozca que esos son cuestionamientos infructuosos, así que no malgastaremos nuestro tiempo intentando cosechar algo de ellos!

Este punto es muy penoso para el Dr. Boyd, por todo a lo que lo lleva más adelante, pues en la página 188 dice: “Lo que Jesús soportó, lo soportó la totalidad de la Deidad”.

Si Jesús soportó la muerte (y por lo tanto murió), entonces de acuerdo con esta premisa, la totalidad de la Deidad también sufrió la muerte y murió ¿Entonces quién quedó vivo para hacerlo levantar de entre los muertos? De acuerdo con esta doctrina, toda la Deidad murió en Cristo. No pueden salirse diciendo que sólo murió la “Segunda Persona” de la Deidad, porque eso no sería la totalidad de la Deidad, si es que imaginamos que hay otras dos personas. Quizá si los trinitarios cesaran, y empezaran a creer en lo que Cristo dijo, a saber que Él es el Padre encarnado (Juan 14:10), el problema desaparecería. ¿En qué lugar de la Biblia se dice que “Cristo era el Hijo encarnado”?

Cuando se le pregunta a los trinitarios de dónde obtuvieron tales enseñanzas, dan la misma respuesta falsa con la que Jacob engañó a Isaac hace mucho tiempo, cuando hizo pasar la carne de cabra por una presa de cacería: “…Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí” (Génesis 27:20).

¿Quién Responde a las Oraciones?

El fundamento de cualquier religión es identificar quién responde a las oraciones, pues así averiguamos quién es Dios. En Juan 14:14, Jesús dijo que Él responde a las oraciones: “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”. En el griego está mejor: “Si algo ME piden en mi nombre, yo lo haré”. En Juan 15:16, se dice que el Padre es quien responde las oraciones. La conclusión bíblica es obvia. Jesús enseñó que Él mismo es el Padre que responde las oraciones en su naturaleza divina. Esto es confirmado por el texto que dice: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras” (Juan 14: 10), y eso indudablemente incluye responder a las oraciones. Esto también es demostrado por Juan 14:13 que dice: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”.

La respuesta que da el Dr. Boyd para todo esto, es sólo un eco de la vieja teoría trinitaria de que “dos personas” se hacen cargo y responden a las oraciones. Por eso dice: “Tanto el Padre como el Hijo, tienen distintas capacidades en su respuesta a las oraciones – concretamente el Padre lleva a cabo todas las actividades por y en él [en el Hijo]” (Boyd, p. 89). En otras palabras, el Padre trinitario realmente respondería a las oraciones; mientras que el Hijo trinitario sería el instrumento que el Padre trinitario usa, para llevar a cabo sus obras a través del Hijo trinitario.

Jesús contradijo esta teoría cuando dijo: “En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama” (Juan 16:26-27). Este es un trabajo directo de la naturaleza divina de Cristo, que como hemos visto es el Padre, y nadie más.

El Dr. Boyd dice que lo que era cierto del “Hijo encarnado” sobre la tierra, es cierto del “Hijo encarnado” en cielo (Boyd, p. 89). Bien, ¡el Hijo estando sobre la tierra, dijo que no podía hacer nada por sí mismo (Juan 5:19, 8:28), lo que también sería verdad en el cielo! ¿Así que quién responde a las oraciones? ¡Tiene que ser el Padre! Aún más, Cristo dijo que Él mismo respondería a las oraciones; así que el Padre debe ser la naturaleza divina de Cristo. Es por lo tanto el Padre en el Hijo quien responde a las oraciones, y no dos “personas distintas”, de las cuales una habría dicho que no puede hacer nada por sí misma.

¿Quién Envía el Espíritu?

En Juan 14:26, Jesús dice que el Padre enviará el Espíritu: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará…”. Sin embargo en Juan 15:26, Cristo dice que Él mismo es quien enviará el Espíritu: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré…”. Por lo tanto Jesús es el Padre que envía al Espíritu, y el Espíritu es su propia naturaleza divina. “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18).

El Consolador es el mismo Espíritu llamado Padre. Al referirse a Él como la fuente, se indica que viene a morar como el Espíritu Santo en quienes obedecen el evangelio, y que también es la naturaleza divina de Cristo, que habita en su templo humano. Se dice que el Espíritu procede del Padre, así como una corriente de agua procede de un embalse o de un lago, que es la fuente. Una corriente de agua que procede de un embalse, no es distinta de su fuente u origen, sino que es un flujo que proviene de ella. Así que el Espíritu Santo emana del Padre, del cuerpo de Cristo, en donde tiene su morada. Dios dijo: “derramaré mi Espíritu sobre toda carne” (Joel 2:28), y eso es exactamente lo que está ocurriendo. El Padre está siendo derramado desde el cuerpo de Cristo (su habitación), para venir sobre nosotros como el Espíritu Santo. Esto es lo que se entiende por “el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre”, en Juan 15:26.

Los trinitarios enseñan una idea completamente absurda, en la que dicen que una tercera persona distinta, está procediendo de una primera persona distinta, por la orden (y quizás también, a través) de una segunda persona distinta. Pero Dios no es el autor de esa confusión. Esta idea proviene de los “padres post-nicenos” y de la subsiguiente cláusula filioque (que en latín significa “y del Hijo”), de la que trataremos a continuación.

De una forma totalmente desconcertante, el Dr. Boyd ha intentado corromper la hermosa verdad de que Cristo envía el Espíritu, debido a su incapacidad de comprender la expresión: “procede del Padre” (Boyd, p.90). ¡Espero que esta explicación bíblica le haya clarificado este punto al Dr. Boyd, si es que ya no es demasiado tarde! El problema, es que el Dr. Boyd así como otros trinitarios, han asumido extrabíblicamente que el Espíritu Santo es “una persona” que tiene que provenir de otras “dos personas distintas”. Por eso dice que los creyentes de la Unicidad: “Suponen que el Espíritu Santo proviene solamente de una” (Boyd, p.90).

Sin embargo, está “suposición” con la que Gregory A. Boyd tergiversa la posición de la Unicidad, al decir que nosotros suponemos que el Espíritu Santo procede únicamente de “otra persona divina y distinta” ¡era en realidad la doctrina original de los propios trinitarios! Todos los padres tempranos de la iglesia trinitaria compartieron dicha suposición, siendo la doctrina usual de aquellos primeros eruditos trinitarios. En aquellos primeros siglos, ninguno de ellos la negó, y así fue aprobada en todos los concilios ecuménicos. Inclusive, todavía es la idea oficial de la Iglesia Ortodoxa Griega. La idea de una “persona divina” llamada el Espíritu Santo, procediendo de otras dos “personas divinas” llamadas el Padre y el Hijo, no tuvo precedentes hasta que la Iglesia Católica Romana inventó dicha doctrina y trató de imponerla sobre todos, alrededor de ¡unos mil años después de Cristo! Los católicos añadieron al Credo Niceno-Constantinopolitano, la frase “y del Hijo” (en latín “Filoque”), para indicar que la “tercera persona” no procedía únicamente de “otra persona distinta” llamada Padre. La Iglesia Ortodoxa Griega se negó a aceptar dicha “teoría de la procesión doble” y se separó del catolicismo romano en 1504 d.C.

“Sobre una sola palabra (filoque), se dieron muy fuertes debates, fueron escritos un número no revelado de libros, e incluso fue derramada sangre en este amargo conflicto” (Jesse Lyman Hurlbut, Historia de la iglesia Cristiana, p. 126).

Como vemos, las perspicacias trinitarias son raras veces originadas sin necesitar mucho derramamiento de sangre. El argumento Ortodoxo Griego en contra de la “teoría de la procesión doble” es muy simple: ¡Cristo solamente mencionó una procesión (Juan 15:26)! Los Ortodoxos Griegos están mucho más cerca de la verdad en este punto que el Dr. Boyd y los neotrinitarios, pues estos últimos prefieren adherirse al dogma católico romano que se inventó en un tiempo mucho más tardío (alrededor de un milenio después de Cristo).

¿Quién Atrae a los Hombres?

Jesús dijo en un pasaje, que el Padre atraerá a los hombres: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere. (Juan 6:44). Pero en Juan 12:32 dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. Por tanto, Cristo en su naturaleza divina, es el Padre que atrae a los hombres. No hay aquí nada de ese “tira y afloje” trinitario, que dice que “dos personas distintas” atraen al pecador hacia Cristo. ¿Por qué no aceptar simplemente lo que Cristo dijo? “…el Padre que mora en mí, Él hace las obras” (Juan 14:10).

El Hijo por sí mismo, no puede atraer a nadie, pues su propio testimonio fue que “no puede el Hijo hacer nada por sí mismo” (Juan 5:19, 8:28). Solamente por el Padre, quien hace todas las obras encarnado en Él, es que Cristo pudo decir: “a todos atraeré a mí mismo”. Su naturaleza humana (el Hijo) no puede hacerlo; pero su naturaleza divina (el Padre) sí puede hacerlo, y en efecto lo hace.

¿Quién Resucitará a los Muertos?

Está claro que Cristo es quien resucitará a los muertos, pues Él dijo acerca de todo aquel que cree: “y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40). Sin embargo se dice del Padre que Él “da vida a los muertos” (Romanos 4:17). Como siempre, no es el Hijo, (su humanidad) el que hace esto, sino que el que da vida es el Padre que habita en Él.

Como nos tienen acostumbrados, los trinitarios insisten en que “tres personas” están involucradas en la resurrección. Sin embargo, el Dr. Boyd dedica la menor atención a este asunto particular, prefiriendo en cambio, gastar su tiempo discutiendo sobre el “conmutador de voz” que según él enseña la doctrina de la Unicidad (algo de lo que yo nunca había oído hablar, aunque llevo más de 30 años en la Unicidad).

Pero no nos vamos a alejar del asunto de la resurrección tan rápidamente. El apuro conduce a desperdicios, incluso en cuestiones doctrinales. Precisamente, hablando sobre la resurrección, fue cuando Jesús hizo más evidente su doble naturaleza. En Juan 5:19 Él dijo: “De cierto, de cierto, os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre”. “Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que Él hace” (Juan 5:20).

La fuente de todo lo que Jesús hace, es el Padre; el mismo Padre que estaba encarnado en Él (Juan 14:10, 10:38). El Hijo solo, sin la naturaleza divina, no podía hacer nada. Pero el Padre, ha otorgado poder y le ha permitido al Hijo hacer estas cosas mediante la colocación de su vida, y su esencia o naturaleza dentro de Él, para operar a través de Él. “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre” (Juan 5:26-27).

Esto explica el por qué, el apóstol Pablo podía decir que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo (2. Corintios 5:19). Y esa reconciliación incluirá la resurrección que Dios llevará a cabo en Cristo, una obra que Cristo no podría hacer, si el Padre no habitara en Él. No es necesario postular a “tres personas distintas”, para comprender cualquiera de estos pasajes en discusión. La doctrina de Dios en Cristo – “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí” (Juan 14:10-11) – esclarece suficientemente todas estas porciones de la Escritura.

Nada de lo que ha sido promovido por los trinitarios, y por el Dr. Boyd en particular, puede anular el hecho de que el Padre es la única naturaleza divina, que Cristo alguna vez identificó habitando dentro de Él. Por lo tanto, Jesucristo puede ser llamado Padre, tal como Isaías lo profetizó (Isaías 9:6), y como el mismo Cristo lo anunció (Juan 10:30). En la Biblia, Cristo nunca es llamado el “Hijo encarnado”, como los trinitarios lo presentan.

JESÚS COMO EL PADRE EN EL LIBRO DE APOCALIPSIS

El último libro de la Biblia, es correctamente titulado: ¡La Revelación de Jesucristo! No pretende ser una revelación de los sellos, de las bestias, de las trompetas y de las copas, aunque todo esto se encuentre allí, sino que es ¡La Revelación de Jesucristo!

¿El libro de Apocalipsis enseña que Jesús es el Padre? Nosotros creemos que sí, y que lo hace claramente y en repetidas ocasiones. Los trinitarios sienten que no es así, y por eso Boyd escribe: “Indudablemente, esta no es la visión general del libro de Apocalipsis” (p. 81), y “Esta diferencia entre el Padre y Jesús, es continua por todo el libro de Apocalipsis” (p. 81).

Veamos quien tiene la razón.

El Anciano de Días

La primera cosa que Apocalipsis nos revela, es una descripción de Jesús en su cuerpo glorificado.
“Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas” (Apocalipsis 1:14-15).

Este es Cristo, quien estuvo muerto y ahora vive (v. 18). Esta es también la misma descripción exacta que nos dio el profeta Daniel, sobre su visión del Anciano de Días.

“Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente (Daniel 7:9).

Tan pronto como comienza el libro de Apocalipsis, nos revela una imagen de Cristo como el Anciano de Días, quien es el Padre.

¿Al lado del Trono o Sobre el Trono?

Jesús afirma aún más: “yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Jesús está sentado en el trono del Padre, no al lado de éste. Cuando Juan vio este trono, nos informó “y en el trono, uno sentado” (Apocalipsis 4:2). Juan no dijo: “He visto al Padre, quien es una Persona, y al Hijo, que es otra persona, sentados en el trono”; Juan habló sólo de uno. Ya que Jesús dijo que Él está sentado con su Padre en el trono, la respuesta ahora debe ser evidente. Cuando Cristo, el templo visible del Padre, se sienta sobre el trono, Dios el Padre también está allí, porque Él vive y reside en el Cuerpo de Cristo. “El Padre que mora en mí, Él hace las obras” (Juan 14:10). El Hijo puede ser visto, pero el Padre invisible también está ahí, encarnado en Cristo. Esto constituye una prueba irrefutable en el libro de Apocalipsis, de que Dios está en Cristo.

Pero Boyd dice que Cristo “es mostrado algunas veces, junto al trono de su Padre”. Él cita Apocalipsis 5:13, que no dice absolutamente nada acerca de que Cristo está sentado al lado del Padre. Luego, Boyd dice cosas que no son bíblicas. Él dice que Cristo es presentado “sentado sobre su propio trono, junto al Padre que se sienta sobre su propio trono”. Como apoyo cita Apocalipsis 3:21, en el que Cristo dice: “me he sentado con mi Padre en su trono”; pero para su infortunio, en este versículo ¡no hay ninguna mención de un trono junto a otro trono! Por eso no es extraño que evada la transcripción de las “referencias” y que simplemente se limite a colocar las citas bíblicas. ¿Acaso esperaba que no las buscáramos? Es curioso que Boyd se refiera a nuestra interpretación como “ilusoria” (p. 82), mientras que él ve a dos tronos que no aparecen en estas porciones de la Escritura.

Alfa y Omega

En Apocalipsis 21:6-7, el Alfa y la Omega, quien es inequívocamente Jesucristo (Apocalipsis 22:12-13,16), le dice a los verdaderos creyentes que Él será su Dios y Padre: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”. Si yo soy su hijo, entonces Él es mi Padre; y si Él también es Dios, entonces Él es Dios mi Padre.

Con el fin de escapar a esta declaración clara de Cristo siendo Dios el Padre, Boyd se enreda de nuevo en un razonamiento circular, que es una falacia que se aprende cuando recién se empieza a estudiar lógica. Su argumento, si es que se puede llamar así, es éste:

“¡Si las Escrituras (que incluyen al Apocalipsis) enseñaran que Jesús es el Padre, entonces dichos versículos se podrían leer como una referencia muy profunda de Cristo siendo el Padre; pero como la Biblia no enseña esto, por lo tanto deben significar otra cosa!” (Boyd, p. 80-81).

Al reducir dicho argumento, apreciamos la falacia circular:

Argumento trinitario: “La Biblia no puede enseñar que Jesús es el Padre, porque la Biblia no enseña que Jesús es el Padre!”.

Pregunta para los trinitarios: “¿Pero cómo sabemos que la Biblia no enseña que Jesús es el Padre?”.

Respuesta trinitaria: “Porque el dogma trinitario sostiene que no hay referencias que lo demuestren”.

Pregunta para los trinitarios: “¿Pero acaso qué pasa con estos versículos que nosotros continuamente hemos encontrado?”.

Respuesta trinitaria: “Estos versículos no pueden significar que Jesús es el Padre, pues de acuerdo a como fuimos instruidos, la Biblia no enseña esto”.

Como podemos apreciar, la negación de Jesús siendo el Padre, parte de mero razonamiento circular.

¿Dos Alfas y Omegas?

Después de algunas discusiones intrincadas, el Dr. Boyd concluye con esta triste nota:

“El hecho de que quien habla aquí se refiera a sí mismo como ‘el Alfa y la Omega’, no demuestra el punto, aunque también es cierto que sólo hay uno que es ‘el Alfa y la Omega’ (confrontar con Isaías 43:10). En los contextos en los que claramente lo distinguen de Jesús, el Padre habla en términos similares (Apocalipsis 1:4-5; 11:15-17)”.

Solo hay un Alfa y Omega, que es Jesús; pero el Dr. Boyd dice que el Padre también es un Alfa y Omega, ¡pero diferente! Y cuando se considera que el Alfa y la Omega es el Principio y el Fin, ¿entonces tenemos dos principios y dos finales? ¡Qué disparate! Las referencias que el Dr. Boyd citó para intentar probar esto, ni siquiera contienen las palabras el Alfa y la Omega, (aunque él se cubrió diciendo que sólo se trataba de terminología “similar”).

En Apocalipsis 1:8, el Alfa y la Omega, quien es Jesús, se identifica como el Todopoderoso. Este es el nombre del Padre que Él mismo utilizó para identificarse a Moisés, cuando además le reveló el nombre Jehová (Éxodo 6:3). También es el título que el Padre utilizó para identificarse a sí mismo, cuando dijo a Abraham: “Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y se perfecto (Génesis 17:1).

Del mismo modo, es el título utilizado en otras partes del Apocalipsis para identificar al Padre (Apocalipsis 21:22). Debido a que no puede haber sino un solo Todopoderoso (uno solo poseyendo todo el poder), ese uno es Cristo, quien también es el Alfa y la Omega, Dios el Padre.

Cristo, el Templo de Dios

Apocalipsis 21:3 dice: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”. Tanto tabernáculo como templo, son términos bíblicos que pueden referirse al cuerpo (2 Corintios 5:4). El cuerpo que Dios tomó para manifestarse en carne, morará con los hombres. En dicho tabernáculo o cuerpo, habita toda la plenitud de la Deidad, es decir el Padre (Colosenses 2:9). Por eso Apocalipsis 21:22, dice acerca de la Nueva Jerusalén: “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso [es decir, el Padre] es el templo de ella, y el Cordero [es decir, el Hijo]. ¡El Padre y el Hijo son un Templo! No sólo eso, sino que Dios el Padre iluminará aquella ciudad a través del Cuerpo del Cordero en el que vive, y que es la lumbrera de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:23). Esto es lo que Pedro, Jacobo y Juan vieron previamente cuando Jesús se transfiguró, y vieron la gloria del Padre en el cuerpo de Cristo (Mateo 17:1-2).

Se habla de un solo trono para Dios el Padre y el Cordero, y se dice que el único que se sienta sobre el trono tiene un solo rostro y un solo nombre, porque el Padre y el Hijo constituyen un “Él” y no un “ellos”. “Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes” (Apocalipsis 22:3-4). No es de extrañar que en Apocalipsis 14:1 diga: “el nombre de Él y el de su Padre escrito en la frente” (Apocalipsis 14:1). El nombre del Cordero estará en la frente de los vencedores, y Apocalipsis 14:1 dice que este nombre es también el nombre del Padre. ¡Así que el nombre del Padre y el nombre del Cordero es uno y el mismo nombre! Esto no nos sorprende, pues Juan mismo llamó a este libro la Revelación de Jesucristo y no “la revelación de alguna Trinidad”.

El Cordero con el Libro

A menudo se presenta como una “prueba” de la teoría de las “dos personas”, al texto de Apocalipsis 5:7, donde el Cordero “vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono” (aunque este planteamiento no lo hace Boyd). Si Jesús es el que está sentado en el trono, entonces ¿quién es el Cordero que tomó el libro? En esta presentación dramática (una visión) de la que Juan fue testigo, una extraña criatura con “siete cuernos y siete ojos” (v. 6), estaba de pie aunque parecía como inmolada (sacrificada, asesinada), y se dirigió hacia el trono tomando el libro. Este Cordero inmolado con siete cuernos y siete ojos, no es una persona, y mucho menos es nuestro Señor Jesucristo. ¿Quién espera ver a Cristo con siete cuernos y siete ojos cuando llegue al cielo? En Apocalipsis 1:12-15, tenemos una descripción del Cristo resucitado, y no incluye “siete cuernos y siete ojos”.

Entonces, ¿qué significa este Cordero con siete ojos, del cual leemos en Apocalipsis 5? Simplemente es un símbolo, un recurso literario que representa la muerte de Cristo, quien es llamado el Cordero, porque fue inmolado para pagar el precio de nuestros pecados. Debido a su muerte y posterior resurrección, Él está acreditado para abrir el Libro de la Vida que estaba atado con siete sellos. Juan nos revela su visión, que es un espectáculo simbólico creado especialmente para describir verdades espirituales. El cordero con siete cuernos y sietes ojos, es exactamente eso – un cordero. Sin embargo, representa a Cristo, el “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8) en la presciencia de Dios. Como punto de comparación, en el bautismo de Jesús, Dios utilizó la visión de una paloma para simbolizar al Espíritu Santo, pero sólo alguien sin sentido, se imaginaría que el Espíritu Santo es efectivamente una paloma.

Resumen de lo Descrito en Apocalipsis

Hemos visto que el Libro de Apocalipsis, en lugar de establecer una identidad separada del Padre y de Cristo, en realidad demuestra que Cristo y el Padre constituyen el único individuo que está sentado en el trono, el Alfa y la Omega, ¡el único que podrá ser visto alguna vez!

Un Ex- Testigo de Jehová Nota Algo

Ted Dencher, estuvo por muchos años esclavizado en la organización de “La Torre del Vigía”. Milagrosamente, Dios lo sacó fuera de ella y esto causó que él escribiera su maravilloso testimonio en un libro titulado: “Por qué Dejé a los Testigos de Jehová”.

Aún cuando se identifica como trinitario, el señor Dencher ha hecho el mismo descubrimiento sorprendente de la Unicidad acerca de Cristo en el Apocalipsis, que he reproducido en este capítulo. Las siguientes, son algunas citas de su popular libro:

“Según los Testigos de Jehová, Jesús y Jehová son considerados como dos entidades separadas, y pensar cualquier otra cosa acerca de ellos sería un error. Los textos más sorprendentes de toda la Biblia, que demuestran que ellos están equivocados en esto, son Apocalipsis 22:1,3,4. Éstos deben ser leídos cuidadosamente, para recibir el impacto de lo que allí se dice. El versículo 1 dice, usando la columna de la derecha: ‘Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero…’ Dios y el Cordero ocupan el mismo trono, no dos tronos, lo que indica desigualdad de rango o naturaleza, pero son uno”.



“Ahora, el versículo 3, columna de la derecha: ‘Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad, y sus siervos le servirán’ ¿Puede ver esta oportunidad en la que las referencias “sus” y “le”, son aplicadas juntamente a Jehová como a Jesús? ¿Podría haber alguna unidad más completa?



“Ahora note lo que dice el versículo 4: ‘Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes’. ¡Jehová Dios y el Cordero, en conjunto tienen una sola cara y en definitiva un solo nombre! Testigos de Jehová, ¿Cuál es ese nombre? El nombre excelente que ustedes escojan, es aplicable igualmente a ambos, a Dios y al Cordero. La referencia a Dios y al Cordero no es presentada como ‘Ellos’ sino como ‘Él’. La unidad perfecta del nombre y de la naturaleza. No “rostros” sino el “rostro’. ¡Pido a cualquier Testigo de Jehová que se dirija a su congregación desde el púlpito y lea este pasaje! ¿Usted se atrevería a exponer este asunto sin contar con un servicio de escoltas?” (Ted Dencher, Por qué Dejé a los Testigos de Jehová, Cruzada de Literatura de Cristiana, Fort Washington, PA., 1985, pp. 241-242).

Si un ex – Testigo de Jehová (que fue entrenado durante años para ver “tronos distintos”, “Personas distintas” y “un dios menor al lado de Dios”), fue capaz de ver la perfecta unicidad del nombre y la naturaleza en el libro de Apocalipsis, ¿por qué no puede verla el Dr. Boyd? Cualquier alma honesta, tiene un testimonio bíblico que puede leer, y que habla de un trono, de un nombre y de un rostro para Dios en Cristo, que constituyen un templo. Si el Señor Dencher expusiera esta verdad desde el púlpito de una congregación neotrinitaria, se sorprendería de que allí también tendría que contar con un servicio de escoltas que lo protegiera cuando se atreviera a exponer esta doctrina.

EL USO DE KAI

Otra prueba interesante de la identidad de Jesús como Padre, es suministrada por los saludos del Nuevo Testamento encontrados en las epístolas. Leemos por ejemplo: “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Romanos 1:7). Dicha lectura no constituye ningún obstáculo para la doctrina de la Unicidad, porque nosotros creemos en Dios el Padre y también en el Señor Jesucristo, su Hijo. Y esto de ninguna manera desluce la verdad presentada en el Nuevo Testamento, de que Dios el Padre habita en el Señor Jesucristo, su Hijo. El apóstol Pablo también tuvo el cuidado de recordar esta verdad a sus lectores (Colosenses 2:9; 1. Timoteo 3:16; 2. Corintios 5:19). Bíblicamente hablando, la creencia del Padre en el Hijo, es también la creencia del Hijo en el Padre (Juan 10:38).

Pero algo más puede estar indicado en estos saludos, por medio de la palabra griega “kai”, que ha sido traducida como “y”, pero que también puede ser traducida como “igualmente” o “que es”. De hecho, así se ha traducido en otros textos. Por ejemplo, “kai” se traduce “igualmente” en 2. Corintios 1:3 de la versión inglesa del Rey Jaime, que dice: “Bendito sea Dios, igualmente Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación”. También Santiago 3:9: “Con ella bendecimos a Dios, igualmente Padre, y con ella maldecimos a los hombres que están hechos a la semejanza de Dios”. Y 1. Tesalonicenses 3:13, dice: “Dios, igualmente nuestro Padre”. También debería haber sido traducido “igualmente” en Gálatas 1:4, que menciona “la voluntad de Dios y nuestro Padre”; y también en Colosenses 3:17, que habla de dar “gracias a Dios y el Padre por medio de Él” La intención es significar claramente “Dios y Padre” en lugar de “Dios y el Padre”. ¡Incluso los trinitarios admiten que “Dios” y el “Padre” son una y la misma persona!

Siendo esto así, entonces también es posible hacer “kai”, como “igualmente” en lugar de “y” en Romanos 1:7, que quedaría como sigue: “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre, igualmente Señor Jesucristo” o “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre, el Señor Jesucristo”. Asimismo quedaría 2. Tesalonicenses 1:2, y así sucesivamente en todas las epístolas. Esta sería una gran adición al ya considerable arsenal de textos que prueban que Cristo es el Padre. No hay ningún impedimento gramatical o lingüístico para hacer la traducción de esta manera.

Por supuesto, el Dr. Boyd y sus compañeros trinitarios no se agradan de esto. Ellos consideran que este uso de kai que hemos propuesto, habría confundido a los lectores del apóstol Pablo en el Nuevo Testamento. Por eso Boyd escribe: “No podría haber nada más confuso para los lectores de Pablo, que tener a Pablo cambiando la identidad’ de Jesús de una frase a la siguiente” (p. 80). Pero contrario al planteamiento de Boyd, lo que sí habría sido bastante confuso para los lectores de Pablo, serían cosas tales como “la Trinidad en la unidad”, “la generación eterna” y la “pericoresis”. Gracias a Dios, el apóstol Pablo no escribió nada de eso. Además, los lectores de Pablo no fueron confundidos por la naturaleza dual de Cristo como Dios y hombre. Pablo les había enseñado la doctrina con claridad. (Filipenses 2:6-9, Colosenses 2:9, 1. Timoteo 3:16, 2. Corintios 5:19). No es una cuestión de “cambio de identidad”, lo que se supone que significa esto, sino de reconocer las dos naturalezas, y de como operan en un solo Cristo.

Antes de que se introdujera el “misterio de la Trinidad” los primeros cristianos eran muy expertos en esta distinción referente a Cristo. Incluso, Juan Crisóstomo fue capaz de seguir este asunto sin ser confundido, ya que él escribió:

“Cuando oigo de Cristo, no creo que él únicamente sea Dios, o que sólo sea hombre, sino ambos. Porque yo sé que Cristo tuvo hambre, pero sé que con cinco panes dio de comer a cinco mil hombres, sin contar ni a las mujeres ni a los niños. Sé que Cristo tuvo sed, pero sé que Cristo convirtió el agua en vino. Sé que Cristo se transportó en una embarcación, pero sé que Cristo caminó sobre las aguas. Sé que Cristo murió, pero sé que Cristo resucitará a los muertos. Sé que Cristo fue llevado delante de Pilato, pero sé que Cristo está sentado con el Padre. Sé que Cristo fue adorado por los ángeles, y sé que Cristo fue apedreado por los Judíos. En verdad, algunas de estas acciones las atribuyo a su humanidad, pero las otras a su naturaleza divina, pues por razón a esto, se dice que los dos están juntos “(¿Cristo Fue Dios?, Spiros Zodtheotes, p. 91).

No es de extrañar, que en los saludos del Nuevo Testamento, los traductores de la Biblia no hayan vertido “kai”, como “igualmente”, ya que casi todos ellos eran trinitarios y realizaron sus trabajos bajo el prejuicio de la Trinidad. Los traductores de la Versión del Rey Jaime, todos ellos fueron trinitarios. Los traductores de la Nueva Versión Internacional, fueron trinitarios. Phillips fue trinitario. Moffat fue trinitario, y así sucesivamente.

En resumen, ellos sostienen que cuando el Nuevo Testamento dice “Dios y Padre”, se debe interpretar como “Dios, igualmente Padre”, “Dios, que es el Padre” o “Dios el Padre”, porque se refiere a una persona: el Padre. Pero cuando el Nuevo Testamento habla de “Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo”, no debemos entenderlo como “Dios nuestro Padre, igualmente el Señor Jesucristo”, “Dios nuestro Padre, que es el Señor Jesucristo” o “Dios nuestro Padre, el Señor Jesucristo”, a pesar de que la conjunción griega “kai” es la misma en ambos casos. Pero, ¿cuál es la razón por la que no se puede traducir como “igualmente” en la segunda oportunidad? Debido a que los trinitarios son presa del razonamiento circular trinitario, nos han dicho que estos versículos hablan de dos personas distintas, porque estos versículos hablan de dos personas distintas!

Finalmente, el Dr. Boyd nos dice que no se les permite hacerlo, porque al traducir “kai”, como “igualmente”, nosotros: “estaríamos en contra de una tradición de tan buena reputación” (Boyd, p. 80). O sea que según Boyd, debemos ser cuidadosos de no hacer eso, porque la tradición nunca debe ser contradicha. Sin embargo, él y sus compañeros neotrinitarios, no dudan en ir en contra de cerca de 2.000 años de tradición, cuando insisten en aplicar un monstruoso error de traducción, para decir que la palabra griega “monogenes” que aparece en Juan 1:18 debe vertirse como “único”, en lugar de la traducción correcta “unigénito”. Ni los léxicos griegos, ni “los duendes irlandeses” podrán liberarlos de esa contradicción!

En conclusión, los traductores trinitarios de la Biblia, han sido inconsecuentes con su traducción de la palabra griega KAI, oscureciendo el hecho de que Cristo es presentado como el Padre en el Nuevo Testamento.

JESÚS ES EL DIOS VERDADERO

El Hacedor del universo
Como hombre, fue hecho maldición por el hombre
La observancia de las leyes que Él había establecido
Con el máximo esplendor acató

Sus dedos sagrados hicieron la rama
Que produjo las espinas que coronaron su frente
Los clavos que perforaron sus manos fueron extraídos
De lugares secretos que Él diseñó

Hizo el bosque de donde brotó
El árbol sobre el que su cuerpo colgaba
Murió sobre una cruz de madera
Y aún hizo la colina sobre la que ésta fue levantada

El cielo que se oscureció sobre su cabeza
Fue extendido por Él, encima de la tierra
El sol que se ocultó de su rostro
En su decreto fue suspendido en el espacio

La lanza que derramó su sangre preciosa
Fue templada en el fuego de Dios
La tumba en la que su cuerpo fue colocado
Fue excavada en rocas que sus manos habían hecho

El trono sobre el que ahora aparece
Fue suyo desde los tiempos eternos
Pero una nueva y gloriosa corona lleva en su frente
Y ante Él toda rodilla se doblará.

¿Debe el   cristiano selebrar la navidad? 

Hola gracias por visitar mi Página. 

El apóstol Pedro en su Segunda Carta 3, 16 habla de un cristianismo despistado, de los indefinidos, que por influencia, ignorancia o que por mal información aceptan todo tipo de tradición, sin conocer, el origen real, o fondo de sus prácticas, rindiendo muchas veces tributo a Baal sin saberlo: ” que los ignorantes y los débiles en la fe tuercen, como tuercen las demás Escrituras, para su propia condenación”.

La navidad como tradición suma un sin fin de rituales que a través de la historia influye en toda sociedad, entre estas el árbol de Navidad, con sus esferas y luces multicolor, las posadas, la misa de gallo y otros ritos paganos. Para estos rituales como el árbol de navidad, los religiosos han buscado connotaciones bíblicas para respaldar sus imposiciones, pero lo cierto es que estas provienen de fuentes paganas.

Su origen se remonta a las antiguas creencias de los germanos que adoraban al roble. Creían que el mundo y todos los astros estaban sostenidos pendiendo de las ramas de un árbol gigantesco llamado el “divino Idrasil” o el “dios Odín”, al que le rendían culto cada año y se lo decoraba, porque se tenía como creencia que cuando un árbol perdía su follaje era porque los espíritus lo habían abandonado. Por ello, se le adornaba con papeles, frutas, trozos de vidrio, y antorchas que representaban a las estrellas, la luna y el sol para que los espíritus retornaran en la época primaveral. En torno al árbol cantaban y danzaban adorando a su dios.

Con la posterior cristianización, el roble fue reemplazado por el abeto, ya que al tener forma de triángulo personificaba a la Santísima Trinidad, con Dios Padre en la cima, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo ocupando ambos extremos inferiores. Según la leyenda, San Bonifacio, evangelizador de Alemania, derribó el árbol que representaba al dios Odín, y en el mismo lugar plantó un pino, símbolo del amor perenne de Dios y lo adornó con manzanas y velas, dándole un simbolismo cristiano: las manzanas representaban las tentaciones, el pecado original y los pec ados de los hombres; las velas representaban a Cristo como Salvador. Esta costumbre se difundió por toda Europa en la Edad Media y con las conquistas y migraciones llegó a América. Reflexione¿ Si Dios prohíbe el culto a los árboles y si esta tradición no está en la Biblia, debo yo como cristiano obedecer estas prácticas ?

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La unicidad de Dios

1. Introducción

Unicidad es un término teológico que hace referencia a Dios, significando que Él es absolutamente Uno, Sólo, Único e Indivisible. Indica que nadie es como Dios y que solo hay un Dios (Deuteronomio 6:4, Gálatas 3:20).


Desde el punto de vista de la Unicidad, el único Dios es Espíritu, y es Eterno, Perfecto, Infinito, Omnisciente, Omnipresente, Omnipotente, Inefable, Incomprensible, Sabio, Santo, es el Creador de todas las cosas, y es el único digno de ser adorado y de recibir culto por parte del hombre. Cualquier adoración que no sea dirigida a Dios es considerada idolatría.


El término Unicidad es sinónimo de monoteísmo estricto, pero su uso ha tomado fuerza en los últimos años, debido a que los creyentes en la Unicidad de Dios han querido utilizar un término que marque la diferencia con todos aquellos que aún confesando que Dios es uno, todavía creen que Dios está compuesto de dos personas (binitarismo), o de tres personas divinas y distintas (trinitarismo). La doctrina de la Unicidad no concibe a Dios como una pluralidad de personas. Asimismo, el uso de este término impide que nos confundan con el unitarismo que declara que Jesús es un semidiós o una criatura, y por ende niega que Jesús es el Dios único (el Padre) que se manifestó en carne (como el Hijo) para venir a salvar. La Unicidad de Dios excluye la coexistencia de cualquier otro dios y cualquier otra posibilidad de coexistencia (i.e. personas divinas, semidioses, etc.), pero sí acepta que el único Dios se ha manifestado de diferentes formas (o modos) a la humanidad.

La doctrina de la Unicidad de Dios, como es confesada por losPentecostales del Nombre de Jesús, puede ser declarada en las afirmaciones de que Dios es absolutamente uno, sin distinción de personas (Deuteronomio 6:4; Gálatas 3:20) y Jesucristo es la manifestación de Dios en carne (Juan 20:28; Colosenses 2:9, 1. Timoteo 3:16). [1] En términos bíblicos, esta verdad es confesada de varias maneras, tales como el misterio de la piedad (1. Timoteo 3:16), el misterio de la propia voluntad de Dios (Efesios 1:3-14), Dios viniendo al mundo (Juan 1:9-10), Dios mismo viniendo y salvando (Isaías 35:3-4, Isaías 43:10-12, Mateo11:2-6 y Lucas 7:18-23), Dios con nosotros (Isaías 7:14, Mateo 1:21-22), el misterio escondido desde los siglos y edades (Efesios 3:8-12, Colosenses 1:28), el misterio de la fe (1. Timoteo 3:9), la manifestación de la Gloria de Jehová (Isaías 40:5, Apocalipsis 1:7), Dios en Cristo (2. Corintios 5:18-20, Colosenses 2:8-10), el Padre morando en el Hijo (Juan 14:8-14), El Padre participando de carne y sangre (Hebreos 2:14), El misterio de Dios el Padre y de Cristo (Colosenses 2:2-5), el misterio de Cristo (Efesios 3:1-4, Colosenses 1:25-26, Colosenses 4:2-41), Cristo es Dios sobre todo (Romanos 9:5), etc. 

Los creyentes en la Unicidad de Dios, creemos que el evangelio es la proclamación de la verdad de que el único Dios vino a salvar al hombre. Incluso Jesucristo mismo confesó en Juan 8:24, “Si no creéis que YO SOY en vuestros pecados moriréis”. Y esto lo dijo en referencia al Yo Soy [el único Dios Eterno y Autoexistente] que se apareció a Moisés según Éxodo 3:14.

2. Jesús es el Único Dios


Todos los nombres y títulos de la Deidad, tales como Dios, Jehová, Señor, Padre, Verbo (o Palabra) y Espíritu Santo, se refieren a uno y al mismo Ser. Estos diferentes calificativos simplemente titulan o denotan manifestaciones, papeles, relaciones con la humanidad, modos de actividad, o aspectos de la revelación de Dios. 


Todas estas designaciones de la Deidad aplican a Jesús, y en Él se manifiestan todos los aspectos de la personalidad divina. Jesús es Dios o Jehová manifestado en carne (Isaías 9:6; 40:9: Juan 8:58; 20:28; 2. Corintios 5:19; Colosenses 2:9; 1. Timoteo 3:16; Tito 2:13). Jesús es el Padre encarnado (Isaías 9:6; 63:16; Juan 10:30; 14:9-11; Apocalipsis 21:6-7). El Espíritu Santo es el Espíritu que se encarnó en Jesús y también es Jesús en forma Espiritual (Juan 14:16-18; Romanos 8:9-11; Filipenses 1:19; Colosenses 1:27). [2]


La doctrina de la Unicidad reconoce que la Biblia revela a Dios como Padre debido a su relación paternal con la humanidad (Deuteronomio 32:6, Isaías 63:16), como Hijo por haberse manifestado en la carne humana (Lucas 1:35, Gálatas 4:4), y como Espíritu Santo por su naturaleza espiritual y santa (Génesis 1:2, Hechos 1:8). La Unicidad de Dios NO enseña que Dios no pueda ser el Padre al mismo tiempo en que Él es el Hijo o el Espíritu Santo. La Unicidad de Dios, enseña que el sólo Ser que es Dios, es tan poderoso y grande que como un solo Ser, Él se ha manifestado SIMULTÁNEAMENTE como Padre, Hijo, Espíritu Santo, el Todopoderoso, el Salvador, etc. Dios no sólo es Padre en la creación, pues ahora mismo es nuestro Padre y actúa como nuestro Padre, en razón de que hemos sido adoptados como hijos suyos por causa del nuevo nacimiento. Dios no sólo es Espíritu Santo en razón de que Él llena nuestras vidas en la regeneración, sino que Él siempre ha sido, es y será Espíritu y Santo, por eso Él es el Espíritu Santo. Dios sólo tomó la forma humana como Hijo, por causa de la redención, pues sólo un humano puro y perfecto podía representar a toda la humanidad (Isaías 53:4-6, Ezequiel 22:30).

La Doctrina de la Unicidad, también acepta que la Biblia revela a Dios de otras muchas formas, tales como el Admirable (Isaías 9:6), el Alfarero (Jeremías 18:6), el Altísimo (Génesis 14:18-22), el Bendito (Esdras 7:27), el Bueno (Nahum 1:7), el Castillo (Salmos 18:2), el Consejero (Isaías 9:6), el Consolador (Isaías 51:12), el Creador (Eclesiastés 12:1), el Escudo (Proverbios 2:7), el Eterno (Jeremías 10:10), el Fiel (1. Corintios 1:9), la Fortaleza (Habacub 3:19), el Fuerte de Jacob (Génesis 49:24), el Glorioso (Santiago 2:1), el Hacedor (Job 32:22), el Juez (Miqueas 5:1), el Justo (Lamentaciones 1:18,), el Libertador (Romanos 11:26), el Misericordioso (Nehemías 9:31), el Obispo de Nuestras Almas (1. Pedro 2:25), el Omnipotente (Ezequiel 1:24), el Pastor (Salmos 23:1), la Paz (Hebreos 13:20), el Perdonador (Salmos 86:5), el Perfecto (Mateo 5:48), el Piadoso (Jonás 4:1), el Poderoso (Judas 1:24), el Recto (Deuteronomio 32:4), el Redentor (Job 19:25), el Refugio (1. Samuel 2:2), el Rey (Sofonías 3:15), La Roca (Habacub 1:12), el Salvador (Isaías 43:3), el Sanador (Exodo 15:26), el Santo (Apocalipsis 15:4), el Señor (Josué 3:11), el Verdadero (1. Juan 5:20), etc.

3. Jesús es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

Por su relación paternal para con nosotros, el Único Dios es el Padre de toda la creación, Padre del único Hijo engendrado, y Padre de los creyentes nacidos de nuevo. (Vea Deuteronomio 32:6; Malaquías 2:10; Gálatas 4:6; Hebreos 1:5; 12:9). De la misma manera Dios es Padre por ser el Origen y Creador de todo cuanto existe (Isaías 64:8, Apocalipsis 4:11), y por ser nuestro Sustentador y Cuidador (1. Crónicas 29:10, Isaías 63:16, Santiago 1:17).


El título Hijo se refiere a la manifestación de Dios en carne como el ser humano perfecto (Efesios 4:13), el Cristo (Mateo 1:16), el Mesías (Juan 1:41) o el segundo Adán (1. Corintios 15:45-49). Dios sólo llegó a ser el Hijo al manifestarse en carne (Hebreos 2:14). El hombre Cristo fue concebido literalmente por el Espíritu de Dios y por consiguiente es el Hijo de Dios (Mateo 1:18-20; Lucas 1:35). Por eso es en esa condición de Hijo en que pudo ser engendrado (Hebreos 1:5), nacer (Lucas 1:35), morir (Romanos 5:10), y resucitar con un cuerpo humano glorificado (Mateo 26:64, 1. Corintios 15:20, Filipenses 3:20-21). Se recalca que el título de Hijo nunca se usa aparte de la manifestación de Dios en carne.

Los términos ‘Dios Hijo’ e ‘Hijo Eterno’ no son bíblicos; la Biblia habla en cambio del ‘Hijo de Dios’ y del ‘único Hijo engendrado’ (unigénito). El Hijo no fue engendrado eternamente por algún proceso incomprensible, continuado. Más bien, el Hijo fue engendrado por la obra milagrosa del Espíritu Santo en la matriz de María. El Hijo tuvo un principio, a saber, la encarnación (Lucas 1:35; Gálatas 4:4; Hebreos 1:5-6). [3]


Dios fue manifestado en carne y por eso se pudo presentar simultáneamente como Dios y como hombre. Hay una distinción real entre Dios y el Hijo. No es una distinción entre dos personas divinas o entre dos dioses, pero sí es una distinción entre el Espíritu eterno de Dios y el ser humano auténtico en quien Dios se encarnó plenamente. Así Jesús es al mismo tiempo Dios y hombre, Padre e Hijo, Espíritu y carne. Por eso afirmamos que Jesús es el Dios único, Emanuel, Dios con nosotros (Mateo 1:23), es decir, el Dios único viniendo y salvando, Dios mismo puesto a favor de la humanidad (Mateo 1:21). El Dios único, se manifestó simultáneamente como Padre y como Hijo, pues Jesús enseñó: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), y por eso el que confiesa al Hijo tiene también al Padre (1. Juan 2:23). Como Padre, Dios se expresa en su condición trascendente, eterna, poseyendo todo el conocimiento, todo el poder, y no está limitado por nada. Como Hijo, Dios se expresa en su condición encarnada, y por eso en esa condición se ha sometido a las limitaciones propias del hombre, al punto de haber orado, y habernos dado ejemplo de cómo es que todos los hombres debemos someternos a la voluntad de Dios.

El Hijo es la manifestación en carne de la Deidad completa, no de una parte, no meramente la encarnación de una de tres personas divinas, ni la encarnación de un dios diferente al Padre, ni la encarnación de un semidiós, ni la encarnación de un ángel (i.e. arcángel Miguel). El Hijo tampoco es meramente un hombre común, sino la manifestación de Dios el Padre en Carne. El pasaje de Colosenses 2:9 es significativo. Este pasaje usa ciertas palabras que de manera lógica y redundante enfatizan esta posición: “todo”, “plenitud” y “Deidad”. Cuando el Antiguo Testamento habla del Mesías como Dios, lo hace dentro del contexto del monoteísmo absoluto. Igualmente, cuando el Nuevo Testamento habla de Jesús como Dios, lo hace de acuerdo con la definición que el Antiguo Testamento transmite acerca de Dios.

Jesús como Padre ha existido desde toda la eternidad (Isaías 9:6, Miqueas 5:2, Juan 1:1-2), pero como el Hijo tuvo un comienzo y nació como un niño (Isaías 9:6, Lucas 2:7). Jesús como Padre nunca cambia (Hebreos 13:8), pero como el Hijo creció mentalmente, físicamente, espiritualmente y socialmente (Lucas 2:52). Jesús como Padre echa fuera demonios (Mateo 12:28, Juan 14:10), pero como el Hijo fue tentado por el diablo (Lucas 4:2). Jesús como Padre es el Pan de Vida (Juan 6:35) y alimentó milagrosamente a multitudes (Marcos 6:38-44, 52), pero como el Hijo tuvo hambre (Mateo 4:2). Jesús como Padre es el agua viva (Juan 4:14), pero como el Hijo tuvo sed (Juan 19:28). Jesús como Padre da reposo (Mateo 11:28), pero como Hijo se cansó (Juan 14:63). Jesús como el Padre calmó la tempestad (Marcos 4:39-41), pero como el Hijo durmió durante esa tempestad (Marcos 4:38). Jesús como el Padre contesta las oraciones (Juan 14:14), pero como Hijo oró (Lucas 22:41). Jesús como Padre sana los enfermos (Mateo 8:16-17; Juan 14:10, 1. Pedro 2:24), pero como Hijo fue herido (Juan 19:1-3). Jesús como Padre levantó de entre los muertos a su propia humanidad que tomó para manifestarse en carne (Juan 2:19-21; 20:9), pero como Hijo Él murió (Marcos 15:37, Romanos 5:10). Jesús como Padre perdona el pecado (Marcos 2:5-7), pero como Hijo Él fue el sacrificio para quitar el pecado del mundo (Hebreos 10:10-12). Jesús como Padre sabe todas las cosas (Juan 21:17), pero como Hijo no sabe todas las cosas (Marcos 13:32). Jesús como Padre tiene todo el poder (Mateo 28:18; Colosenses 2:10), pero como Hijo no tiene todo el poder (Juan 5:30). Jesús como Padre es el Rey de reyes (Apocalipsis 19:16), pero como Hijo es el Siervo Sufrido (Filipenses 2:7-8), etc.

En cuanto a su divinidad Jesús es el buen pastor (Juan 10:11), pero por causa de su obra salvadora, Él es la puerta de las ovejas (Juan 10:7): Pastor y oveja a la vez. En cuanto a su divinidad Jesús es la raíz de David (Apocalipsis 5:5), pero al mismo tiempo, en cuanto a su humanidad es el linaje de David (Apocalipsis 22:16): Raíz y linaje simultáneamente. Además de las funciones bíblicas de Padre y de Hijo, Jesús asumió también varios oficios opuestos y complementarios simultáneamente. Por ejemplo, Él es el cordero sin mancha ofrecido como sacrificio por nuestros pecados (1. Pedro 1:19), pero a la vez es el Sacerdote que ofrece el sacrificio (Hebreos 4:14). Cordero y Sacerdote a la misma vez. Jesús es descrito como el Primero y el Último (Apocalipsis 1:17). Principio y Fin a la misma vez. Y también es descrito como el Cordero (Juan 1:29) y el León de la tribu de Judá que reinará con poder (Apocalipsis 5:5). Cordero y León al mismo tiempo. Ninguno de estos ejemplos es contradictorio, sino que demuestran que Jesús, el Dios único hizo todo sólo, para proveer salvación al hombre. Isaías 9:6 dice que Jesús es un niño que es nacido, pero que también es el Dios Fuerte. Ese solo texto del profeta Isaías llama a Jesús, Hijo; pero también Padre Eterno. No son términos contradictorios sino complementarios, revelando el propósito de Dios de manifestarse en carne. Reconocer que Jesús es a la vez el Padre y el Hijo, Dios y hombre, Espíritu Santo y carne, no es ninguna contradicción sino el entendimiento fiel del misterio de la piedad (1. Timoteo 3:16) o de la voluntad de Dios (Efesios 1:9-11), reconociendo que el sólo y único Dios fue manifestado en carne.

Lo que llega a parecer extraño o imposible si se aplica a un hombre común y corriente, llega a ser comprensible cuando se aplica a Jesús, quien al ser Dios manifestado en carne, es totalmente Dios y totalmente hombre. Cuando comprendemos que Jesús es simultáneamente el Padre y el Hijo, Dios y hombre, Espíritu y carne, alejamos cualquier turbación en el monoteísmo bíblico. Cuando leemos alguna declaración acerca de Jesús, debemos determinar si lo describe como Dios o como Hombre, o en otras palabras, como Padre o como Hijo. Las descripciones de Jesús como Padre o como Hijo, no deben llevarnos a pensar en dos dioses o en dos personas divinas, sino en el misterio de la piedad (1. Timoteo 3:16) o de la voluntad de Dios (Efesios 1:9), y es que Dios ha sido manifestado en carne.

Por consiguiente, los creyentes en la Unicidad de Dios nunca enseñan que Jesús como Hijo se haya engendrado a sí mismo, se haya enviado a sí mismo, se haya orado a sí mismo, se haya amado a sí mismo o se haya exaltado a sí mismo, pues entienden muy bien la diferencia entre el rol de Padre y el rol de Hijo. Tampoco creen que Jesús como Padre (como Dios) haya muerto, pues confiesan que Dios es eterno. Lo que sí creen, es que Jesús murió en su condición de Hijo (como hombre).

El título Espíritu Santo, se refiere a Dios como un ser espiritual y en actividad. Describe el carácter fundamental de la naturaleza de Dios. La palabra Santo hace referencia a sus atributos morales, mientras que la palabra Espíritu hace referencia a la naturaleza de Dios. El Título se usa particularmente para referirse a que Dios puede obrar entre los hombres porque Él es un Espíritu, así Él tiene la capacidad de ungir, de regenerar, llenar y santificar a la humanidad. (Vea Génesis 1:1-2; Hechos 1:5-8)

4. La Palabra (Verbo, Logos) de Dios

En Juan 1, el Verbo o la Palabra de Dios, es una referencia a la Palabra Eterna o al Plan Eterno (que Dios tuvo antes de crear todas las cosas), de revelarse o darse a conocer al hombre (Salmo 119:89, Mateo 24:35, 1. Pedro 1:23). La Palabra o Razón de Dios, estaba con Dios y pertenecía a Dios, de la misma manera en que la palabra o razón de un hombre pertenece a ese hombre.
La Palabra Eterna estaba relacionada con Dios, y la Palabra Eterna era Dios mismo, porque todo el plan eterno consistía en la revelación futura de Dios. Desde la Eternidad, Dios planificó su revelación a los hombres, viendo claramente en un tiempo futuro su propia manifestación en carne, y por eso el apóstol Juan dijo que la Palabra (Logos, Verbo) era Dios mismo.
El concepto de Palabra de Dios, expresa la comunicación de la mente y de los propósitos de Dios al hombre por medio de su auto-revelación. (Jeremías 7:1, Oseas 1:1, Joel 1:1, Miqueas 1:1, Sofonías 1:1). Por eso la Palabra es el Dios que se revela o se da a conocer al hombre, siendo la misma revelación de Dios, la autoexpresión de Dios, o Dios en su acción reveladora.
Dios reveló al hombre ese plan de manera progresiva. Así, el Antiguo Testamento es revelación divina, pero como preparación, como promesa, como profecía, como sombra y figura de lo que habría de venir (Hebreos 8:5); mientras que el Nuevo Testamento es la plenitud de la revelación divina, pues en él, Dios nos habla por medio de su Palabra (Verbo, Logos) hecha carne (Juan 1:14). En la plenitud del tiempo, Dios puso carne en su Palabra (Gálatas 4:4); Él se reveló en carne en la persona de Jesucristo. ‘El verbo se hizo carne’ (Juan 1:14). ‘Dios se manifiesto en carne’ (1. Timoteo 3:16). La Palabra eterna se reveló en el Hijo engendrado. Jesucristo es la Palabra Divina hecha carne, que resume todo lo que Dios deseaba decirnos. Jesucristo mismo confesó: “La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:24).
En estos últimos días Dios decidió hablarnos por Cristo el Hijo (el Hombre perfecto) quien es el que da razón a la existencia del universo (Hebreos 1:2). Dios se pronunció a sí mismo por medio de la Palabra que sale de su boca, y por eso el capítulo 1 de Juan, nos enseña que la Palabra de Dios creó todo cuanto existe, y que la Palabra fue hecha carne y habitó entre nosotros como el hijo unigénito del Padre, el varón perfecto (Efesios 4:13).
5. Conclusión
Las tres funciones (o roles) de Padre, Hijo y Espíritu Santo son necesarios dentro del plan redentor de Dios para con la humanidad caída. Para salvarnos Dios proporcionó a un hombre puro que pudiera morir en nuestro lugar – el Hijo. Al engendrar al Hijo y al relacionarlo con la humanidad, Dios es el Padre. Y al obrar en nuestras vidas capacitándonos y transformándonos, Dios es el Espíritu Santo.


En resumen, los títulos Padre, Hijo y Espíritu Santo describen algunos papeles y actividades de Dios, pero no reflejan una trinidad en la naturaleza de Dios, o una doctrina de tres dioses. El PADRE se refiere a Dios en su relación paternal con la humanidad; El HIJO se refiere a Dios manifestado en carne; y el ESPÍRITU se refiere a Dios en actividad. Un hombre puede desempeñar tres papeles significativos. Por ejemplo se puede desempeñar como administrador, maestro y abogado, pero todavía sigue siendo una sóla persona. Además Dios no se reduce o se limita a tres papeles esenciales.


  • Un corolario de la doctrina de la Unicidad es que el nombre de Jesús que quiere decir Jehová-salvador, es el nombre supremo por el que Dios se ha revelado a la humanidad y es el nombre dado para salvación en el Nuevo Testamento. (Vea Mateo 1:21; Lucas 24:47; Hechos 4:12; 10:43; Filipenses 2:9-11; Colosenses 3:17). El Padre se reveló al mundo en el nombre de Jesús (Juan 5:43, 17:6), al Hijo nacido se le dio el nombre de Jesús (Mateo 1:21) y el Espíritu Santo entra en los creyentes en el nombre de Jesús (14:26). Por consiguiente, los apóstoles cumplieron correctamente la orden de Cristo (Mateo 28:19) al bautizar a los creyentes invocando el nombre de Jesús, y la iglesia debe hacer lo mismo hoy en día. (Vea Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:3-5; 22:16; Romanos 6:3-4; 1. Corintios 1:13; 6:11). Dado que Jesús es la encarnación de toda la plenitud de Dios, el nombre (singular) del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo descrito por Mateo 28:19 es Jesús. (Vea Mateo 1:21; Lucas 24:47; Juan 5:43; 14:26). [4]